"No teníamos ni una cámara para grabarlo", recuerda Leonard Kleinrock del día en que mandó el primer paquete de datos por Internet. "Estaba en una sala anodina en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), ya de noche, y pretendía entrar a otro ordenador 600 kilómetros al norte, en el Stanford Research Institute. Tenía que escribir "log in". Para confirmar que iba bien, hablaba por teléfono con su compañero. "He escrito la 'L', ¿ha llegado?" Aquel mensaje se colgó a la tercera letra: solo llegó "Lo".
El problema lo tenía el software en Stanford. Lo arreglaron y pudo enviarse al cabo de un rato. De aquel hito quedó solo una anotación en bolígrafo en un diario de trabajo: "22.30. Hablado con Stanford. De servidor a servidor". A nadie se le ocurrió dejar mayor constancia.
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